Ponte en contacto conmigo
a través de la dirección
ieslancia@josevicente.com

Una noria en Villaturiel

Ángel Agustín Llamazares, José Vicente Manga y José Luis Puerto
Fotografía: Juan Maestro
Dibujos: José Vicente Manga

Villaturiel: su contorno

Continuando con nuestra indagación sobre la tecnología popular leonesa, realizamos nuestra segunda ruta o paseo en busca de una noria; para ello, en una tarde de primavera, cuando las labores del cuidado de las hortalizas, tras la siembra, comienzan a despertar, nos fuimos a una zona de ribera, dentro de las distintas y feraces que tiene la provincia de León. Ya que, en un pasado muy cercano a nosotros todavía, las norias han sido unos instrumentos muy importantes para el riego. Elegimos la ribera del Porma y su margen derecha. Y, dentro de ella, el pueblo de Villaturiel, ligado históricamente, por residencia de sus padres, a la figura de San Pedro de Alcántara, patrón de esta localidad, en cuyo centro tiene una ermita a él dedicada, a la que, en el pasado, han acudido las gentes de los pueblos próximos en busca de protección y de curación de sus dolencias y enfermedades, algo de lo que dan testimonio diversos cuadros de ex-votos, que merecería la pena recuperar. Villaturiel y los pueblos a él próximos, en la margen derecha del Porma, bajo Puente de Villarente, forman una zona o comarca que, tradicionalmente, entre los lugareños de la misma, se ha conocido con el nombre de La Terruca, según se nos dice.

Las regueras

Una zona con una vega amplia, como es la de la margen derecha del Porma, al sur de Puente de Villarente, ha de contar con un eficaz sistema de riego para su agricultura. Debido a ello, aparecen las presas (brazos de agua que, para el riego, salen del río). Todo el territorio que se riega con una sola presa recibe el nombre de reguera. La de la zona que tratamos -conocida como Reguera Vieja- comprende cuatro pueblos: Villaturiel, Mancilleros, San Justo y Roderos. Pero, dentro de este sistema de riego que parte del río, los campesinos distinguen -tal y como Landislino y Paulino, nuestros informantes, nos indican- entre las presas, que son los canales principales que parten del río, como acabamos de indicar, y las madrices, que son ya brazos secundarios que arrancan de las presas; tales madrices pueden tener en uno de sus lados un pequeño promontorio a lo largo de las mismas, cuya tierra puede estar recubierta por hierba; dichos promontorios constituyen un verdadero camino para ir recorriéndolas y reciben el nombre de banzos. En esta zona, estaba la que llaman Madriz de Mancilleros, que parte de la ya citada Reguera Vieja, cerca del río. En los momentos de escasez de agua, en ocasiones se la quitaban unos a otros y, para ello, "tiraban la compuerta abajo".

Una noria en Villaturiel

Noria en Villaturiel - Autor: Juan Maestro

La noria que analizamos, dentro de Villaturiel, se halla ubicada en un terreno próximo a la población, conocido antes con el nombre de Tierras o Centenales de San Pedro ("terreno ruin" el de los centenales -se nos dice-) y en el presente como La Vega, una extensión plana que deriva hacia la muralla de chopos que marcan la línea del río. Pertenece a la familia de Evaristo Redondo, un agricultor del pueblo, ya fallecido, y cuyos hijos Landislino (nacido en 1929) y Paulino Redondo Redondo (nacido en 1947), también labradores y a quienes pertenece (así como a otros hermanos), son quienes nos informan. Fue adquirida en Benavente (todavía conservan la factura o albarán de compra) e instalada en 1945. El precio de coste fue en aquel momento dos mil seiscientas pesetas, más un porte (acarreo) de quince pesetas que hubieron también de abonar, por ser llevada desde el lugar de la entidad vendedora a la estación de ferrocarril benaventina. La familia tuvo que ir con el carro a recogerla a la estación leonesa de Palanquinos, donde llegó empaquetada en ocho bultos, según reza la factura conservada, para transportarla al pueblo y proceder luego a su instalación. No era ésta, desde luego, la primera noria instalada en Villaturiel. Ya las había antes, aunque con un cabezal sólo y con vasos más estrechos y con un único encaje para la palanca. Se distinguían distintas categorías: del uno, del dos...; ésta fue la primera del tres (mayor y con más capacidad) que llegó al pueblo. También las había de mano, "muy pequeñinas", es decir, con un mecanismo movido no por una caballería sino por una persona.

No solían ser comunes las norias. Más bien pertenecían a familias determinadas y cada una de ellas estaba destinada al riego de una determinada finca, generalmente de cierta extensión, en la que se cultivaban productos agrícolas tales como cebada (regada por mayo y junio, e incluso en abril, si el año venía seco), alfalfa ("algún año"), remolacha, habas (alubias) que solían ser pintas, e incluso garbanzos, que también se suelen regar, aunque nos dicen que no es bueno el hacerlo, pues se pierden fácilmente ("se rabiaron los garbanzos", era una expresión muy utilizada cuando tal ocurría); se solía rotar, según nos indican. Y nunca faltaba, en un determinado trozo de la finca, casi siempre próximo a la ubicación de la noria, "el huerto de la casa", donde se cultivaban tomates, pimientos, cebollas, ajos y otras hortalizas. Sobre algunos de los productos sembrados, circulan refranes y dichos. Éstos son algunos de los que Landislino nos dice; el primero, dedicado a los ajos:

El ajo fino,
por San Martino;
fino es
por San Andrés;
y picón,
por San Antón.

Y el segundo, a los garbanzos, también muy conocido y que alude a la fecha de su siembra:

Por San Marcos, tu garbanzal

ni nacido ni por sembrar.


Noria en Villaturiel - Autor: Juan Maestro

El pozo sobre el que se alza la noria hubo de ser excavado a pico, sacando el material de tierra y piedras a calderos. Su profundidad es de unos seis metros y de dos su diámetro. Durante su excavación, a partir de donde comenzaba a manar el agua, se colocó en el fondo del agujero un bloque circular de hormigón, de diámetro igual al del pozo y con una altura aproximada de un metro, el cual servía para fijar las orillas a medida que proseguía la excavación. (El bloque se realizó a partir de unos armantes de hierro, los cuales se rellenaron con hormigón). Una vez el bloque en su lugar, continuó la extracción de materiales desde su interior y por debajo de él. El pozo aumentaba así su profundidad, manteniéndose el bloque de hormigón asentado siempre en el fondo. Alcanzada la hondura requerida, se recubrieron las paredes del pozo con “adobes” de hormigón, comenzando su colocación sobre el bloque circular y terminando en la superficie. En el momento de excavar el pozo y de instalar la noria, se plantaron en torno a ésta, trazando un delicioso círculo que configura un verdadero "locus amoenus" (lugar ameno, paisaje ideal), manzanos y perales, además de un nogal que se eleva, protector, sobre ellos. Tampoco faltan varias hileras de manzanos en cierta parte del terreno, que parte del lugar de la noria.

Tecnología de la noria: sus partes, su funcionamiento

La noria, como instrumento destinado a extraer el agua de un pozo, para elevarla a la superficie y destinarla al riego, está ubicada a ras de tierra, en el borde mismo del pozo. Y consta de los siguientes elementos:

Partes de la noria - Autor: José Vicente Manga

- Para asentarla en el brocal, se necesita un marco o cuadro de asiento (F), que en la analizada por nosotros es de hierro; aunque, en otras más pequeñas, podía ser de madera. - Un volante (C) con su engrane, que hace girar el mecanismo de los vasos o cangilones (D) que transportan el agua, en su doble tarea de recogerla del fondo y de vaciarla en la superficie. - Un gato o seguro (E) de marcha atrás del volante, que impide los mecanismos de retroceso. - Una masera (H), que es donde descarga el agua de los vasos, para poder salir al caño de riego (J). Detalle de la masera - Autor: José Vicente Manga - Un sifón (I) o canalículo metálico en forma aproximada de U, para salvar el agua, bajo el mecanismo circular giratorio, y hacer que pueda salir de la masera al caño de riego (J). - Los vasos o cangilones (D), encargados de recoger el agua en el fondo, debido al mecanismo giratorio, y de transportarla a la superficie, depositándola en la masera, de donde pasa al sifón. Nuestra noria se instaló con treinta vasos, a los que la familia añadió otros diez. Miden medio metro de largo y tienen una capacidad aproximada de unos diez litros cada uno. - La palanca de tiro (A), ensartada en los cabezales (B), movida por una caballería, conectada a la misma mediante un balancín (una suerte de palo con punto de apoyo en el centro y en los extremos). El agua extraída -en nuestro caso- va a parar a una pila o pilón (G), con tres regueros (uno frente al lado por donde sale de la noria, y dos laterales) para distribuirla por otros tantos caños o canales. Gracias al interminable caminar de la caballería alrededor del pozo, la noria extraía el agua, necesaria para regar los cultivos, entre ellos la cebada, que habría de servir de alimento al propio animal. La palanca, arrastrada por el animal, confiere un movimiento circular al volante horizontal del engrane, el cual, solidario a un eje vertical, gira haciendo que cada uno de sus dientes empuje a los del volante vertical del engrane, con lo que éste también gira y con él su eje y las ruedas de la noria. Sobre éstas se apoya y de ellas cuelga la cadena de vasos o cangilones que habrán de elevar el agua, desde el fondo del pozo, hasta caer en la masera. Los cangilones descienden boca abajo hasta sumergirse en el agua, donde se vuelven boca arriba, cargándose del líquido en su ascensión y transportándolo hasta la superficie. Una vez el agua en la masera, es conducida a través de un sifón hacia el canal de salida, sorteando de esta forma una de las ruedas de la noria (la que flanquea la masera por el extremo opuesto al engrane). Por último, llega el agua a una suerte de pilón cuadrado de hormigón, con tres orificios (uno en cada lado distinto al de llegada del agua), a través de los cuales se la puede enviar en varias direcciones, para regar distintas zonas de cultivo.

El riego

Una vez que la noria se pone en funcionamiento, a través de la palanca de tiro, debido al movimiento circular de la caballería (a la que se le tapan los ojos), el agua comienza a salir hacia la pila o pilón que la distribuye a través del reguero (caño o canal). Para que llegue a todos los puntos de la finca y riegue todas las plantas sembradas, es necesario un sistema de canalización adecuado, que vamos sucintamente a describir. El terreno sembrado se divide en tramos, con distintos regueros (caños) para cada uno de ellos; el final de un reguero o caño, en el que se pone un tope de tierra, para que no siga pasando el agua más allá de donde se desea, recibe el nombre de atorque o atranque. Cada tramo, a su vez, consta de varias tablas, que quedan delimitadas por veros (lomos de tierra que recorren las tablas de arriba abajo, por cada uno de los flancos de las mismas). Y, de este modo, el agua se va encauzando, a medida que la acción de regar transcurre, y dirigiendo a todos y cada uno de los puntos del sembrado. Las tierras, a su vez, según sus formas, reciben distintos nombres. Así, las que son especialmente cuadradas se llaman cuadros; las de forma triangular, picones. O las que no se trabajan y quedan convertidas en un erial, adiles. La temporada de riego suele durar desde mayo, o, en ocasiones abril, si la temporada comienza seca, hasta finales de septiembre. La noria se ponía en funcionamiento toda la mañana o toda la tarde, según la necesidad del riego. Y, si había apuro, igual ni se paraba para comer. Había que vigilar el ritmo del movimiento de la caballería, pues, debido al cansancio o al calor, podía pararse o caminar con excesiva lentitud, no saliendo la cantidad de agua adecuada, por lo que había que arrearle en ocasiones.

La muerte de las norias

La vida de las norias duró hasta que llegaron los motores, momento en el que quedaron inutilizadas y en el que fueron sustituidas por éstos para regar. Tal hecho ocurrió en Villaturiel a principios de los años sesenta, más o menos. De hecho, -nos dicen- el primer tractor que hubo en el pueblo llegó en 1963. Antes de la mecanización, las faenas agrícolas se realizaban con vacas y bueyes, que coexistían con caballerías. Y el acarreo de los productos, con carros. Si el trabajo había que realizarlo con parejas, se recurría a las vacas. Y se prefería la caballería cuando el apero podía ser movido por un solo animal. Aunque también se aró mucho -nos indican- con pareja de caballos. Y era una caballería quien ponía en funcionamiento la noria, a través de la palanca de tiro. Se le tapaban los ojos; aunque, por lo demás, el animal estaba sin aparejo. Y se le colocaba una collera de la que arrancaban unos tiros que iban al balancín, conectado con la palanca. Era una caballería la que, con sus itinerarios circulares, hacía posible la extracción del agua del fondo de la tierra, esa caballería que ya Antonio Machado plasmó en sus versos, cuando dijo: Noria en Villaturiel - Autor: Juan Maestro

La tarde caía triste y polvorienta.
El agua cantaba su copla plebeya
en los cangilones de la noria lenta.
Soñaba la mula, ¡pobre mula vieja!
al compás de sombra que en el agua suena.

Al caer la tarde, regresamos a Villaturiel y, en casa de los hermanos y hermanas Redondo Redondo, tomamos unos refrescos y unos dulces caseros. Es el don campesino de la hospitalidad el que, una vez más, se manifiesta.


Publicado por José Vicente Manga